Cuando la Presidenta Michelle Bachelet asumió su mandato aseguró la paridad entre hombres y mujeres en los cargos ministeriales, además de prometer que en él ninguno de ellos se repetiría el plato, aludiendo a los cargos ocupados durante el gobierno de su antecesor, Ricardo Lagos. Casi dos años después, y luego de una seguidilla de rotativas ministeriales, el vocero de gobierno de entonces, Ricardo Lagos Weber, renunció a su cargo y la mandataria asignó en su reemplazo a Francisco Vidal, el primer reincidente del gabinete.
Pero no es que Bachelet mintiera en sus promesas iniciales, no señor. Acá nadie se está repitiendo el plato. El Ministro Vidal de la era laguista no es el mismo de ahora, son dos personas totalmente distintas, porque convengamos: es muy distinto tener a un jefe que golpea la mesa a otra que se deja llevar por la intuición. Con el primero hay que medir las palabras y sólo traspasar las versiones oficiales, mientras que con la segunda se dan amplios espacios para las opiniones auto referenciales y las frases para el bronce: “Ahora hasta yo me entusiasmé con Madonna”, “A mí me gusta el lomo vetado con palta y si me quedo con hambre, me lo repito , así de simple”, “Si insultan a la Presidenta, ¡se van a encontrar conmigo!, “Como si la carne fuera pelolais”.
¿Se le soltaron las trenzas ministro, o es que su jefa no lo reprende? Quizás eso de los cargos ejecutivos televisivos no eran lo suyo y después de tantas horas encerrado en una oficina, eran inevitables los ataques de hiperventilación que hoy tenemos que digerir a diario.
Pero tampoco se trata de criticarlo ni de hacer vista gorda a sus méritos. Si hay algo que destacar en el Vidal recargado dos punto cero es su consecuencia y su capacidad para cumplir las promesas. En el día de su estreno, anunció su vuelta a la vocería con una mayor presencia y ¡Qué manera de hacer valer sus palabras! Se tomó el mensaje a pecho, de eso no hay duda. El problema es que confundió “presencia” con protagonismo y es ahí donde está fallando nuestro querido Ministro. Cómo hacerle entender que su labor es articular la voz del gobierno, no la propia y que con tanta frase que dice fuera de contexto, lo único que hace es distraer al público además de quitarle la seriedad y el carácter formal que tanto el vocero como el gobierno necesita.
Gracias Primi!
sábado, 30 de agosto de 2008
Ministro Vidal: un vocero con ansias de protagonismo
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