Desde el lanzamiento del Transantiago que el tema no ha dejado de ser un dolor de cabeza para todos los chilenos. Pero, al parecer, tendremos que seguir esperando eternamente para tener el sistema de transportes tan digno y eficiente que nos han prometido. Así que señores, mejor empiecen a guardar altas dosis de aspirinas, porque con estos buses ya nadie sabe a que atenerse.
Nuestra querida Presidenta Bachelet ya no sabe de dónde sacar más dinero, y eso que ha escarbado hasta en su cartera. Es que pese a que a cuatro meses de su debut, el Estado suministró 290 millones de dólares para subsidiar el déficit que precozmente estaba experimentando, no hubo mejorías en el funcionamiento.
Entonces, es inevitable cuestionarse porqué esta nueva inyección daría resultados, si no fue así anteriormente. Por eso, estimado ministro Cortázar, ¡No nos pida más paciencia! Que cuando uno observa que se otorgan dineros y la cosa sigue igual, es díficil ver el vaso medio lleno.
Se puede intuir, sin necesidad de profundos conocimientos previos, que los dineros extras otorgados y todos los que desean, no arreglarán el problema. Sólo servirán de salvavidas, como medida parche para que el sistema no colapse, ya que para solucionar las múltiples fallas habría que tener un inalcanzable y altísimo monto para armar el “plan estrella” de Lagos nuevamente.
Además, no hay caso con los créditos bancarios. El préstamo de 400 millones de dólares que otorgó el BID fue catalogado de inconstitucional. Ministro, todos sabemos que el tema lo tiene atado de manos y pies. Créanos que a nosotros también nos angustia no saber que pasará con esta útil creación, pero, “anunciar” que la próxima semana “anunciará” medias, ¿No será aún más confuso que no saber si mañana tendremos una locomoción digna para transportarnos?
El Transantiago terminó siendo una bestia insasiable. Ya hemos visto que seguir introduciéndole cantidades gigantescas de dinero sólo lleva a un circulo vicioso, porque como dice el dicho popular, no hay primera sin segunda, ni segunda sin tercera, y de esta manera sólo logramos “malcriar” a las autoridades a cargo, ya que les damos soluciones momentáneas, en lugar de encararlas para que arreglen la estructura del problema, que probablemente tiene que ver con un tema logístico y no económico.
Y he aquí el dilema. No estamos dejando pensar a quienes crearon a este monstruo y ahora no saben cómo dominarlo, ya que creen que sólo pueden alimentarlo y mantenerlo tranquilo con plata. Pero qué va a pasar ahora que no hay dinero o peor aún, cuando haya, pero quizás ya no esté disponible para apaciguar las arrebatos de la bestia. Démosle la oportunidad a sus creadores para que logren dominarla sin necesidad de alimento. Sería lo correcto.
jueves, 2 de octubre de 2008
He aquí el dilema
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